Un resultado claramente negativo en el periodo perinatal de las mujeres es la depresión post-parto. A pesar de ello, aún no se tiene claridad sobre la naturaleza de este fenómeno y su relación con diversas variables conductuales y estructurales. Típicamente, este síndrome se caracteriza por sentimientos de tristeza en la nueva mamá, una inestabilidad emocional extrema, lloriqueo, irritabilidad y fatiga.

La mayor parte de la investigación sobre la depresión post-parto ha buscado causas biológicas o psicosociales de ella, tales como cambios hormonales, edad maternal y número de alumbramientos, historia psiquiátrica, atmósfera marital, etc. Al momento se le ha dado poca consideración al impacto del contexto cultural del periodo post-parto como causa de la depresión, factores tales como la organización de la familia y el grupo social, el papel de las expectativas de la propia madre y de las que pudieran mostrar otros familiares o personas significativas, etc.

Si revisamos la literatura antropológica sobre los nacimientos encontraríamos que existen elementos comunes en la estructuración social del periodo post-parto en diferentes culturas.

Esto nos permite suponer que la experiencia de la depresión post-parto se exacerba y se potencializa por factores socio-culturales.

Existe una idea informal folklórica y popular acerca de este periodo como un episodio emocionalmente complejo, estresante y fatigoso. Las madres norteamericanas expresan que en un 60-80% lo experimentan como “baby blues” (distimia) y posiblemente como una depresión de nivel intermedio, lo que representaría un síndrome culturalmente anclado en la cultura occidental, que es resultado parcialmente de las prácticas modernas de nacimiento y de la falta de una definición clara del rol social que esto tiene y de las previsiones para la ayuda y el apoyo que necesita la nueva madre en nuestra sociedad.

Los problemas emocionales post-parto se pueden rastrear hasta los primeros escritos de Hipócrates, quien en el año 700 A. C. los describía en detalle. También habría que citar los textos de Galeno, Celcio y otros.

Aunque la depresión post-parto es un trastorno tratable, muchas mujeres que lo padecen no reconocen tener este problema. Un estudio realizado en mujeres con depresión postnatal (Whitton, Warner & Appleby, 1996)) mostró que cerca del 90 % se percató que algo andaba mal, sin embargo menos del 20 % reportó sus síntomas ante algún médico. De esta muestra, solo un tercio consideró tener una depresión post-parto. De acuerdo con los datos de otro estudio (Walter, 1997), se estima que solo el 20 % de las pacientes con este desorden reciben un manejo de salud mental.DEPRESION POSTPARTO

Los individuos restantes permanecen sin diagnóstico, están mal diagnosticados o no buscan ninguna asistencia médica. Así, la incidencia de la depresión post-parto resulta muy variable, en un rango entre 30 y 200 casos por cada 1000 nacimientos (3 – 20 %), con una estimación de una tasa de recurrencia de entre 10 y 35 %. La depresión puede ocurrir en cualquier momento después del parto, frecuentemente luego que la mujer ha regresado a su hogar desde el hospital. Los síntomas pueden durar desde unas pocas semanas hasta varios meses: cerca del 4 % de los casos persisten por un año. Datos recientes (Righetti-Veltema et al, 1998) ubican la incidencia de la depresión post-parto en aproximadamente 10 a 15 % de las madres primerizas.

Al discutir las causas de la depresión postparto, debemos mencionar las teorías biológicas. A partir de la revolución psicofarmacológica de los años 1950’s se planteó la relación entre la depresión postparto y los cambios hormonales de la mujer. Consistentemente se notaba que la presentación de los síntomas en el tercer día del post-parto correspondía con los cambios hormonales que ocurren en ese tercer día.

Uno de estos cambios hormonales que se encuentra bien establecido por la investigación y que ocurre en el periodo post-parto es una brusca caída en los niveles de estrógenos y de progesterona. Al tercer día del post-parto, los estrógenos y la progesterona regresan a los niveles que había antes del embarazo. Las mujeres con los decrementos más bruscos tienen más probabilidades de reportarse como deprimidas durante los primeros 10 días después del parto. También se ha notado una relación entre estas rápidas caídas de los estrógenos luego del parto y marcados decrementos de los niveles de triptófano en plasma, mismos que correlacionan con el diagnóstico de depresión. No obstante esto, la mayoría de los investigadores están de acuerdo en afirmar que las hormonas no están directamente relacionadas con la depresión post-parto. Por ejemplo, algunos afirman que “no hay sustento para asociar directamente la progesterona y el tono emocional post-natal” (Harris et al, 1996).

Un campo de investigación más reciente se refiere a la actividad de la prolactina durante el puerperio. Los niveles de prolactina forman una curva inversa a la de los niveles de estrógenos y progesterona durante el periodo post-parto, por lo que razonablemente se ha asumido que las madres que no amamantan a sus bebés y producen un rápido declive en s prolactina, podrían tener una depresión post parto. Este es un asunto que requiere de mayor investigación al momento. También se ha sugerido que el estrés psicobiológico y los cambios en los esteroides adrenales durante el post-parto, jueguen un papel en la depresión. Sin embargo, algunos investigadores afirman que “no existe una asociación positiva entre la depresión post-parto y los cambios en la concentración de esteroides como el cortisol” (Gregoire et al, 1996).

madre-preocupadaSe han argumentado también causas psicológicas de la depresión post-parto. En muchos reportes se encuentra que las nuevas mamás manifiestan sentimientos de “inadecuación” respecto a su relación con el bebé. Datos más sistemáticos provienen de un estudio que utilizó una larga muestra de mujeres postnatales a las que se les aplicó un Cuestionario de Actitudes Maternales (MAQ) para evaluar su opinión respecto a su rol y sus expectativas maternales. Los resultados mostraron que las mujeres con depresión postparto eran cognitivamente diferentes a las madres que no estaban deprimidas (Warner etal, 1997). Otros estudios han investigado el efecto del peso corporal que se gana después del embarazo y su relación con la imagen corporal deseada y la auto-estima de la mujer. Algunos investigadores han encontrado que el bienestar psicológico de las mamás, muchas veces se estima a partir de su peso después de dar a luz (Jenkin & Tiggemann, 1997). Así también, otras investigaciones muestran que las mujeres con más peso reportan síntomas de depresión más frecuentemente (Walter, 1997).

También se ha sugerido que el número de partos es un factor asociado a la depresión postnatal. Diversas investigaciones han concluido que el nacimiento del primer hijo representa un estrés único y se correlaciona con la depresión de manera más fuerte, que en el caso del segundo o el tercer parto.

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